Ring-a-ding-ding: aun digitales, las máquinas tragamonedas
componen el único soundtrack del Palms, el casino más lujoso de la auténtica
Sin City. Frente a los fichines, las rubias portan vasotes de plástico,
los cowboys escupen humo de cigarros que podrían encender con petrodólares
y, rapiditas, se apuran unas cuantas conejitas, tapándose a medias las
tetas: acá funciona el único Playboy Club del mundo. ¡Ring-a-ding-ding!
El ambiente puede ser tan convulsivo como el capítulo del Pokemon más
lisérgico y tan elegante o decadente como una juerga del Rat Pack en
la vieja Las Vegas. En un salón de esta biblia de neón hará su número
el cantante Chris Cornell y el periodista será recibido en camarines:
después de un show de dos horas y media (¡puf!), la pregunta que se
impondrá es "¿estás cansado?" y la respuesta será suficiente: "Pst,
nah".
A los 43, Cornell promociona una imagen de lozanía
y dientes blancos, común a todo el famoso que haya pasado una temporadita
en rehabilitación, y este regreso a la vida sana tomó la forma dudosa
de un "dandy grunge". Si Kurt Cobain encontró una salida a las presiones
de la fama en su Remington calibre .20, el ex Soundgarden parece haberse
armado un mundo de comodidades: plácida vida familiar (esposa, tres
niños), un restorán en París y una prolija corporación de su talento.
En el backstage, los asistentes dominan el lenguaje de los murmullos
y el camarín luce la sobriedad del abstemio: seis botellitas de agua,
un plato de frutas, cuatro chocolates, un ramo de flores y la decoración
internacional hotelera.
Años después de que una estética del grunge haya
impuesto la camisa leñadora y el jean rotoso como uniforme y señal de
credibilidad rockera, ¿cómo llegó Cornell a ser primera figura de casino?
"La timba no me interesa para nada: me parecen patéticos los salones
de juego y los tuxedos": desprecio por el smoking es lo que exuda el
autor de Casino Royale, el leit motiv de la última de James Bond: "Acepté
al saber que no sería otra película sobre gángsters británicos. Soy
un gran fan de Los Beatles y recordar que uno de ellos había compuesto
un tema para Bond me pareció muy cool. De alguna manera, me sentí parte
de una big band donde también tocaban Duran Duran y A-Ha".
-Algunos te dicen "la voz más fina de la generación
grunge". ¿Qué te parece?
-Me hace sentir feliz y es grandioso ser reconocido
así, claro. Pero fue culpa mía: cantar en un rango tan alto... porque
puedo. En el pasado, estuve en bandas donde sí o sí... ¡tenía que gritar!
-"Euphoria Morning", tu primer disco solista, se editó en 1999.
¿Por qué tardaste tanto para terminar "Carry On",
el segundo?
-Por Audioslave. Estuve ahí varios años y no podía
trabajar en otras cosas más que en las canciones del grupo. Pero no
la pasé mal, disfruto ensayar canciones en una habitación con otros
músicos, lo que hice con ellos y, antes, con Soundgarden. Ahora es un
gran cambio, estuve con aquellos tipos cinco, seis años. Me reconcentré
mucho en mí mismo para mi disco Carry On, y eso me gustó.
-¿Cómo manejabas la popularidad mundial de los años
90?
-Simplemente tenía mucha más gente alrededor, todo
el tiempo. Pero la cosa me aburría, había un montón de dinero dando
vueltas y, con eso, venía la necesidad de gastarlo. Me pasaba un año
haciendo un disco de un millón de dólares... y gastando más dinero.
No quise seguir en eso. La gente se distrae mucho con la plata y se
pierde el foco principal, que es la música, y eso es lo que pasó con
otras bandas de Seattle. Salir de gira es el alma de un grupo y hubo
un tiempo en que ya no podíamos subirnos a un micro. Era difícil ser
tan popular.
-Y ahora, entonces: ¿qué clase de rock star querés
ser?
-Ya no sé si quiero ser un rockstar. Sólo quiero
seguir grabando mis discos solistas y hacer lo que me haga sentir bien.
Un evangelio del recuperado: con la templanza del
que "está de vuelta", Chris exhibe su alejamiento del exceso y este
inicio como crooner de casino con ambiciones sinatrianas, ya decidido
a ser más clásico que moderno. "Es que no creo que lo moderno' hoy sea
buena música: la modernidad es como una inyección de droga, una adicción",
y acá estira los brazos flaquísimos, verdes de tan venosos. "Elvis Costello
o Talking Heads ya son clásicos que hacen buena música".
-Sólo quería divertirme. Estaba buscando una canción
que pudiera sorprender e incluso ser divertida sin volverse cómica.
Claro que no sé si fue tan divertido para los fans de Michael Jackson,
porque mi versión no se parece demasiado... a una canción de Michael
Jackson.
-¿Y cuál es tu tema favorito de Bond?
-Me acuerdo de Goldfinger: la voz de Shirley Bassey
es sencillamente grandiosa. Con Casino Royale quise ser un crooner porque
es un tema para una película, no sobre algo de la realidad. Entonces,
busqué crear un estado de ánimo más que una canción, al estilo de los
viejos cantantes, como Tom Jones, que hizo Thunderball y es un fenómeno...
Un silencio, y Cornell se extravía un instante.
Al ícono del grunge que sobrevivió a Cobain y hoy es un gourmet se le
cruza otro tema y, en la respuesta, quizá pueda leerse una parábola
involuntaria sobre su propia vida: "¿Sabés? Pensándolo bien, tal vez
mi favorito sea Vivir y dejar morir".
Reprinted from clarin.com.
Originally available as an online feature here.
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